I SALIDA DE CAMPO - 8 de Octubre 2022 I
Straight Outta Olympus
Por Pablo Castro
Introducción
Tengo 6 años. Estoy en mi cuarto armando con Legos la nave espacial de
guerra más detallada, compleja y elaborada posible, mas antes de agregar la
última pieza, esta resbala de mis manos y se estrella monumentalmente contra el
piso. Me invade la sorpresa al ver cómo, a pesar de contar con una estructura
funcional bastante sólida, se quebró por completo.
“Está rota” dije en voz alta mientras lagrimas brotaban lentamente de
mis ojos hasta que, de forma repentina, vi una forma particular entre los
escombros. Lo que antes era un cañón de plasma en mi diseño infantil parecía
ahora un hiperpropulsor de vasta potencia, capaz de llevar a cualquier ser a
todos los rincones del espacio.
Acerqué aquel particular ensamble a mis ojos. ¿Cómo no había visto tal
potencial en dichas piezas? Agarré otras y se las uní para darle más forma.
Poco a poco, mientras agregaba más bloques, comenzó a surgir el crucero
explorador interplanetario más veloz de las 7 galaxias del borde exterior.
Aunque no lo hubiese visto en el momento, la realidad es que, a pesar de
haberse estrellado, la nave nunca se rompió por completo, solo se desarmó en sus
partes individuales. De no haber sido por el accidente, no la hubiese visto
deconstruida ni hubiese sido capaz de identificar oportunidades en algunas
piezas claves, las cuales, tras verlas desde otra perspectiva, utilicé para
construir algo nuevo y de gran valor para mí.
Citando a Jaques Derrida: “Se podría decir que no hay nada más
arquitectónico y al mismo tiempo nada menos arquitectónico que la
deconstrucción”.
Capítulo I - Proteína en polvo
Siendo franco, no recuerdo con precisión cómo fue el día en que el
profesor nos comentó sobre la salida de campo. Entre los destellos en mi
memoria, resalta la siguiente frase: “Busquen algo que los saques de sus zonas
de confort”. Dicho comentario me llegó al alma. Tenía encontrar algún lugar que
nunca en mi vida hubiese imaginado ir. Debía ser alucinante, fuera de lo común,
arriesgado y, sobre todo, analizable. En otras palabras, mi salida de campo
debía de ser a un destino cargado de energía, además de contenido observable y
desglosable.
Busqué transmitirles esta misma emoción a varios amigos de la clase para
realizar la salida en grupo. Todos se engancharon con la iniciativa, dando paso
a una potencial lluvia de ideas sobre a dónde ir. Entre las primeras opciones
estaban las que se ven en la figura 1, mas reconozco que ninguna, salvo la
tercera, cautivaba del todo mi atención. Es decir ¿Cómo iríamos a Medellín o Armero
en un solo día teniendo en cuenta la carga del semestre actual? Eso sí, como
propuestas sonaban demasiado interesantes, pero, en la realidad, eran poco
prácticas.
Tras meditarlo un poco, se me ocurrió un lugar algo particular: un bar
trans. Piénsenlo ¿A quién se le pasaría por la cabeza asistir a tal lugar? Era
perfecto. Ojo, no me refiero ir a bares LGBTIQ+ o Theathron, sino a uno
diseñado específicamente para este segmento de la población. Tener la
oportunidad de examinar cómo se desenvolvían en un ambiente seguro para ellas,
ellos y elles sin nadie que los discriminase o insultase por su orientación
sexual o identidad sonaba profundo y enriquecedor.
Propuse esta opción al equipo a la par en que investigaba potenciales
lugares. No obstante, luego de la lectura de una salida de campo sobre un
muchacho que se introdujo a profundidad en un prostíbulo en el barrio Santafe de
Bogotá, además de la sugerencia del profesor sobre evitar lugares que
implicasen un riesgo a nuestras vidas, comencé a reconsiderar esta opción, más
aún cuando revisé las fotos de los lugares potenciales, los cuales cargaban en
sí un ambiente bastante denso y peligroso. ¿Quería hallar un lugar único,
atrevido y desafiante como este? Por supuesto, pero también quería vivir para
contar mi experiencia.
No puedo negar que me bajoneé un poco al descartar mi propia opción, así
que opté por acoplarme a lo que dijera el grupo, los cuales tenían su mirada
puesta en la cárcel. Yo, por inercia y evitar quedar solo, acepté. Al fin y al
cabo, quería realizar mi salida junto a ellos. Sin embargo, el proceso para
obtener el permiso de visita se extendió más de lo esperado, ya que, por un
lado, “los porteros” no eran fijos, es decir, cambiaban todo el tiempo,
mientras que, por otro lado, dependíamos de la respuesta de administrativos
bastante ocupados. Debido a mis compromisos personales y proyectos académicos,
tenía proyectado realizar la salida el 8 de octubre; no obstante, según el
equipo, lo más probable es que la salida fuese entre el 2 y el 17. Era un
periodo bastante largo e incierto para obtener una respuesta, así que opté por
buscar otro posible lugar más seguro y acorde a mi objetivo personal inicial.
En medio de mi indagación, leímos en clase una salida de campo sobre una
estudiante que se introdujo en un bar de bailarinas exóticas también en el
barrio Santafe. Algo que cautivó mi atención fue cómo ella decidió sumergirse
en un ambiente diseñado por hombres para sexualizar a la figura femenina,
analizando el fenómeno social machista, misógino y perturbador que se
desenvuelve en lugares como este. “Hacer algo así es mi aspiración” pensé,
“Analizar un fenómeno social particularmente único en un lugar inesperado”.
Tras la lectura, el profesor mencionó cuán común eran las bitácoras sobre estudiantes
en bares y clubes de strippers femeninas, además de precisar cómo unas
estudiantes casi fueron a un lugar bastante similar y diferente al mismo tiempo
de estos. Apenas mencionó el nombre de dicha locación, este se quedó enganchado
en mi mente.
Al rato, el equipo me confirmó que irían a la cárcel el 14 de octubre,
una fecha en la cual me era imposible asistir. Ante esta noticia, me resigné respecto a hacer
mi salida de campo en grupo, ya que, por más de que quisiese, estaba fuera de
mi alcance y, como comenté en un principio, la opción no me llamaba tanto la
atención salvo por lo que tal vez implicaría analizar grupo los fenómenos
sociales presentes en dicha ubicación. “Oficialmente, me siento sin opciones”
pensaba mientras revisaba mis apuntes, de entre los cuales resaltaba el nombre
del lugar que el profesor había mencionado previamente.
Busqué información sobre este en Google,
topándome con su página web, redes sociales y un chat directo por WhatsApp. Para
mi sorpresa, fue bastante sencillo establecer contacto. “¿Estoy seguro de
esto?” me dije. Mis manos temblaban de la emoción. Si lograba ir, sería una
salida única, además de rica en contenido. “¿Qué más da? Vida solo hay una”. Les
escribí y en menos de una hora ya tenía una reserva para asistir junto a mi
pareja el 8 de octubre a las 9:00 de la noche. Todo estaba preparado. En menos
de 5 días, estaría viviendo una experiencia inolvidable en un evento que nunca
en la cabeza pensé que podría llegar a vivir.
¿Será este lugar auténtico, enérgico y analizable?
Tal vez. Solo los capítulos restantes lo dirán. Así que quédate conmigo y
permíteme transportarte a esta salida de campo cargada de observaciones,
cuestionamientos y reflexiones exquisitas. Acompáñame a este lugar que parecía
destinado a presentarse ante mí, pero eso sí, exclusivamente en pro de la asignatura
Investigación Social.
Estimado lector, te doy la bienvenida a visita
a Apolo's Men: El gran Espectáculo.
Comencemos
Capítulo II - Sin guantes
Apolo's Men es un club de strippers masculinos ubicado en la carrera 15 #95 –
82 en la ciudad de Bogotá. Se especializa en brindar espectáculos exóticos
entre las 9:00 p.m. y las 3:00 a.m. para mujeres que celebren una despedida de
soltera, un cumpleaños, una noche de amigas o un divorcio. Asimismo, ofrecen shows
en toda Colombia como si se tratase de una Boyband tipo los Backstreet
Boys o los Jackson Five, con la diferencia de que son un poco más
explícitos en sus eventos. Para asistir, es necesario hacer una reserva con anterioridad,
además de pagar un cover de 70.000 COP (Todo sea en pro de Investigación
Social ¿no?), el cual incluye un cóctel o dos tragos de cualquier bebida
ofrecida en la carta.
Figura 1: Página principal de Apolo's Men. Tomada de: https://apolosmen.com.co/
He de precisar que tenía mucha incertidumbre
mientras les escribía para hacer la reserva porque, como se ve en la figura 1, se
vendían como un club exclusivo para el género femenino. Antes de finalizar la
reserva, les pregunté si había problema con que fuera una persona como yo. “Desde
que venga acompañado con su pareja o en grupo donde la mayoría sean mujeres, no
hay inconveniente”, fue la respuesta que obtuve.
Como comenté, fijé la reserva para el sábado 8 de octubre a las 9:00
p.m. Quería estar el mayor tiempo posible, pero tampoco trasnochar demasiado,
así que cuadré todo para devolverme junto a mi pareja a la 1 de la mañana del
día siguiente. Durante ese fin de semana, mis padres estarían de viaje, así
que, antes de que se fueran, les pregunté si me podían prestar el carro para ir
de rumba con mi pareja. “No veo porque no ¿A dónde irán?” preguntó mi madre
conservadora. “A un gastrobar súper tranquilo cerca a la 100” fue mi respuesta.
Tras cinco días, por fin había llegado el momento. Tenía pensado en
arreglarme entre 6:30 y 7:00 p.m. para pasar por mi pareja a las 7:45 y llegar por
tarde justo a la hora de apertura. No obstante, justo cuando la recogí, caí en
cuenta que había dejado mi billetera en la casa, obligándonos a devolvernos por
esta. El tráfico,
sorprendentemente, no estaba tan denso. Nos rindió el tiempo y en menos de 35
minutos llegamos al lugar. Reconozco que se veía muy pequeño para lo que tenía
en mente, pero me dije “Si hay discotecas con fachadas o entradas tan pequeñas
como esta, a lo mejor adentro podía cambiar mucho el ambiente”. Tras recorrer
un poco más la zona, nos topamos con un City Parking al frente del club.
Una vez termine de parquear, revise el reloj, el cual marcaba las 9:10. Habíamos
llegado justo a tiempo.
Algo que me llamó la atención fue cuán vacías
estaban las calles. Por lo general, cuando se trata de clubs nocturnos, las
calles suelen estar alborotadas o tienen un flujo interesante de personas. No
obstante, en vez de sentir miedo, me invadió una gran sensación de calma como
si estuviese en una ciudad europea o norteamericana en la cual uno puede salir
tranquilamente durante altas horas de la noche. Creo que Dios nos tuvo de la
mano para que no nos pasara absolutamente nada en ese espacio, aunque también
creo que también nos acompañó para disfrutar las creaciones que él mismo había
realizado.
Figura 2: Entrada del lugar.
En la entrada nos encontramos con 2 guardias
hombres bastante adultos y para nada musculosos. Eran flacos con sus rostros
que reflejaban cansancio y optimismo al mismo tiempo. Parecía que disfrutaban
su trabajo. Mi pareja y yo nos acercamos a ellos. Ella les preguntó si ya
podíamos ingresar, ante lo cual uno de ellos llamado Edgar me miró y me dijo
que esperara 15 minutos. En seguida, Mi pareja le volvió a preguntar si tenía
un cigarro que le pudiera vender o si sabía dónde podía encontrar uno. “Allá en
la esquina hay un Éxito donde puede comprarse una media, joven” contestó Edgar
nuevamente dirigiendo su mirada ante mí.
Mientras nos dirigíamos al Éxito, mi pareja me
dijo “¿Viste cómo aunque yo fuera la que le estuviera preguntando te respondía
a ti?”. “Ah sí, no me había fijado” le contesté, “pero ¿eso qué significa o
implica?”. “Implica que, a pesar de ser un lugar destinado para las mujeres, en
nuestro primer acercamiento nos demostraron cómo necesitan la validación tuya como
hombre”. Eso en lo personal me sacudió un poco porque era cierto. Si ella había
hecho las preguntas ¿por qué me contestaban a mí? ¿qué significaba esta pequeña acción? ¿implicaría
un pequeño micromachismo o se trataba de una situación común y corriente? Aunque,
por lo general, en una situación común y corriente uno le contesta la persona
que pregunta.
Compramos la media de cigarrillos y volvimos. Pasados
otros ocho minutos, Edgar nos señaló la entrada, invitándonos a invitó a entrar.
Como se ve en la figura 2, la entrada era bastante pequeña, mas abarcaba una
gran escalera que lleva un segundo piso. Antes de subir, Edgar nos pasó un poco
de gel desinfectante. Oficialmente, había
entrado a la boca del lobo (¿o debería decir lobos?).
En la recepción, nos recibió un hombre calvo,
delgado y para nada musculoso. No obstante, tenía una voz bastante similar a la
de un animador de bazares. En ese instante, le preguntó a mi pareja por el
nombre de la persona que hizo la reserva, ante lo cual yo contesté el mío. El
recepcionista parecía sorprendido e hizo como si no entendiera, ante lo cual le
repetí mi nombre voz alta. Revisó sus apuntes y efectivamente encontró mi reserva.
Pese a esto, le preguntó a mi pareja cuál era la ocasión de celebración. “Solo
venimos aquí a pasar un buen rato” contestó mientras yo asentía. El recepcionista
seguía con una cara de shock, pero la disimulaba para no quedar mal con
nosotros. Nos pidió el pago del cover y tras contar los 140.000 pesos (ser
Sabana vale la pena) tomó un micrófono, diciendo de forma muy sensual lo
siguiente: “Edison, se le necesita en recepción para que brinde su atención”.
De la nada, apareció un hombre entre sus 28 y
32 años vestido con un pantalón bastante apretado, un corbatín y sin camisa, luciendo
un cuerpo fuerte y depilado, pero no tan musculoso como los que suelen tener
los strippers en las películas tipo Magic Mike. Apenas nos vio, se
sorprendió, mas, a diferencia del recepcionista, lo disimuló mucho más, señalándonos
el camino hacia nuestra mesa. Nos trajo las cartas de las bebidas, recalcando
que estaría atento a cualquier cosa para servirnos.
Miré a mi alrededor y, para sorpresa de nadie, habíamos
sido los primeros en llegar. Sólo nos acompañaba Edison, otro mesero (también
sin camisa), una señora que atendía en el bar y el recepcionista. El reloj de
mi celular marcaba las 9:45. “Creo que el show va a comenzar algo tarde” le susurré
a mi pareja. “Cierto, así que ¿por qué no aprovechamos y desglosamos todas las
preguntas que tengamos de este lugar?” contestó.
Capítulo III - Perro come perra
En primer lugar, pensamos en el tipo de hombre
que era Edison. No se trataba de un tipo súper musculoso, joven y emisor de testosterona
por cada poro de su cuerpo. Más bien, parecía una persona común y corriente, con
las que uno se puede topar en Transmilenio o haciendo mercado. ¿Cómo estar
inmerso en este ambiente cambiaba la forma en que lo veíamos o incluso cómo se comportaba?
“¿Será que los bailarines también son así?” le inquirí a mi pareja. “No creo. Lo
más probable es que sean mucho más jóvenes, altos y marcados, cumpliendo con el
estereotipo de Magic Mike” respondió. Inmediatamente, comenzamos a diferenciar
entre sí a los hombres que, hasta el momento, habíamos visto. Teníamos la
figura Edison como mesero; a Edgar como vigilante; al recepcionista, y a la
imagen mental de los bailarines, los cuales todavía no daban señales de vida.
Era interesante ver cómo contrastaban entre sí
la representación del “hombre común” con la que parecía diseñada exclusivamente
para el placer femenino, pero ¿quién dijo que esto debía ser así? Es decir, ¿quién
pensó en crear este lugar con este tipo de “hombre musculoso” para satisfacer a
las mujeres?
¿Quién creó Apolo's Men? ¿un hombre? ¿una mujer? ¿una persona no binaria o género fluido? Ninguno de los dos sabíamos y lastimosamente no conseguimos esa información. Sin embargo, eso no nos impidió en teorizar cómo se constituyó este lugar; cómo se consolidó esta propuesta de negocio; cómo se les vendió a los inversionistas y cómo se aseguraron de su éxito en el largo plazo. ¿A quién se le ocurrió que un lugar así sería deseado por las mujeres? Más aún ¿las mujeres actuales siguen deseando al típico macho “mamadísimo”?
Si uno hace un recorrido histórico, los hombres de la antigüedad no eran exactamente como La Roca o John Cena. Entonces ¿quién se inventó a la representación del género masculino que veríamos hoy? ¿Habrá sido un hombre el que diseñó esta versión de sí mismo creyendo que era la deseada por las mujeres? ¿O habrán sido ellas las que crearon esta idea del “Adonis” a fin de liberar su sexualidad y sus verdaderas emociones? ¿El hombre varonil y musculoso había sido pensado de, por y para las mujeres o era un simple producto elaborado desde la perspectiva machista y patriarcal de cómo se debería ver para despertar el interés sexual de ellas?
“¿A ti te gustan este tipo de hombres?” le pregunté a mi pareja. “Fíjate que realmente no, y sé que a varias ya no nos gustan tan así” me contestó. Desde su perspectiva, la figura del hombre se ha transformado y desligado de varios conceptos machistas sobre la definición de la masculinidad. Según ella, los hombres más cautivadores son los que buscan ser ellos mismos en su propio estilo y actitud sin importar lo que la sociedad les imponga o dicte. “Justamente esto fue lo que pasó con Tom Hiddleston, el actor de Loki, y es lo que pasa también con Harry Styles” acotó. “Claro, y asumo que también pasa lo mismo con Timothée Chamelet” comenté. “Exacto. Hoy en día los hombres que realmente gustan son aquellos que les interesa ser simplemente ellos mismos, desligándose de lo que los demás les digan sobre cómo tienen que verse o comportarse. Que sean ellos auténticamente existiendo y ya”.
Con esto en mente, no pude evitar pensar cómo sería un lugar donde estuvieran los hombres que realmente sí les gustan a las mujeres en la actualidad ¿Seguiría siendo como Apolo's? ¿habrían figuras más parecidas a las celebridades mencionadas anteriormente? Creo que variaría según la edad de cada persona. Tal vez las personas de generaciones más adultas les gusta más la figura masculina tipo Magic Mike, mientras que las actuales tal vez prefieren la figura del hombre deconstruido, enfocado en encontrarse a sí mismo y no en tener una imagen estéticamente aceptable o demostrar cuán fuerte, duro o marcado es.
“Listo,
supongamos que se crean espacios como este en donde están hombres que sí les
gustan a las mujeres y están desligados de la concepción machista sobre lo que
es la masculinidad ¿En qué ocasiones uno vendría?” le pregunté a mi pareja. “Esa
es una excelente pregunta. En lo personal, no creo en las despedidas de soltera.
Es decir, una no está soltera cuando viene a estos eventos. Llegar a “disfrutar”
y “sentir” en un ambiente donde se resalta el morbo hacia una persona que uno no
volverá a ver más en la vida estando uno con una pareja que ama se me hace que
no tiene coherencia” mencionó ella.
Pero, más allá de las despedidas de solteras y cumpleaños, algo que me llamó la atención fue ver cómo Apolo's ofrecía servicios de celebración de divorcios ¿A quién se le metió por la cabeza que las mujeres celebran un divorcio yendo a un bar de strippers? Ojo, no quiero decir que no lo puedan hacer; no obstante, ¿es la forma más prudente de hacerlo? O incluso ¿qué sería lo más prudente? ¿cómo se debería vivir/celebrar un divorcio? ¿De qué manera están acostumbradas a las mujeres a vivirlo y quién les dijo que tenían que vivirlo de esa forma?
Retomando el hilo, ¿estos espacios serían
lugares de celebración, goce, disfrute o morbo casual? ¿o estarían ligados exclusivamente
a eventos especiales? Desde la perspectiva de nuestra sociedad, es muy común
que un hombre haga un plan casual de irse de con sus amigos a un prostíbulo en cualquier
día de la semana ¿Las mujeres también contemplan este tipo de plan casual sobre
asistir a un espectáculo exótico y cargado de sensualidad? ¿Es un tipo de plan
que mis compañeras de salón de clase podrían armar perfectamente al finalizar
cada sesión? ¿Será que es más común ver en la actualidad mujeres que les gusta
asistir esos lugares para explorar y explotar sus deseos y sexualidad? ¿o
también se sentirán limitadas y preferirán hacerlo de otras maneras más
resguardadas?
Seamos francos, a la mujer no se le ha reconocido totalmente la capacidad de explorar su sexualidad como debería o incluso como sí ha pasado
con los hombres. Está más naturalizado que un hombre vaya a ver prostitutas, sexualice el género opuesto y desee poseerlo. Sin embargo, cuando sucede al
revés, se transforma en un tema tabú, como si el placer femenino se tratase de
algo prohibido o imposible de disfrutar. Seguimos viendo a la mujer como una figura
frágil, delicada, incapaz de tener deseos morbosos. Se sigue limitando la
sexualidad femenina a espacios y momentos específicos. ¿Por qué pasa esto y qué
se puede hacer al respecto? Soy fiel partidario de que todos deberíamos estar en
la posibilidad de explorar nuestra identidad y sexualidad sin reprimirnos por
lo que digan los demás. Desde que no le hagamos daño a nadie, todo
está bien. No obstante, ¿qué pasa cuando sentimos que ese placer o esa
oportunidad de descubrirnos más está limitada por los valores socioculturales
de una sociedad machista que lleva hace tiempo incrustándolos de diversas
formas en nuestra vida?
Revisé nuevamente el lugar y, para mi sorpresa,
todavía no había llegado nadie. Miré mi reloj. Ya casi eran las 10:20 de la
noche. “¿Cómo crees que se vivirá la euforia en este lugar? ¿será que las
chicas que vengan se volverán locas y gritarán un montón? ¿o serán más bien sutiles
y resguardadas, realizando de vez en cuando pequeñas exclamaciones o reacciones
de sorpresa?” le pregunté a mi pareja. “Yo creo que tal vez, y debido a que el
placer femenino siempre ha sido reprimido, existe un alto chance de que pase el
segundo escenario, pero también creo que, a medida que se desenvuelva el espectáculo
y el alcohol les vaya haciendo efecto, poco a poco van a irse liberando y soltando
al punto que van a estar gozando todo lo que se les pase por el frente” contestó
ella.
Nuevamente, fue curioso (además de un poco
chocante) escuchar cómo tal vez no venían con la actitud dispuesta para disfrutar.
Según lo que yo sé a partir de las salidas de campo de estudiantes a clubes de strippers
femeninas, dichos lugares están cargados de estímulos visuales, energía,
erotismo y demasiada sexualización hacia la mujer desde el minuto uno en que
abren las puertas, mientras que, en este caso, parecía que el espectáculo se
demoraría en empezar.
“Ven ¿y crees que este lugar es sólo para el espectáculo o habrá algo más?” me inquirió mi pareja. “¿Cómo así?” le pregunté. “Sí, ya sabes. Es muy común que en los clubes de hombres si uno quiere acostarse con una chica exista la posibilidad o lugar de hacerlo. Entonces, ¿crees que si quisiera culiar con uno de los tipos del espectáculo lo podría hacer? ¿ellos contemplarán esa posibilidad? ¿o acaso habrán políticas que no se los permitan?” mencionó ella. “Sí… es cierto. O sea, si alguien quiere pagar por un servicio adicional, ¿lo podría hacer acá? ¿lo habrán intentado antes?”. Según las otras salidas de campo, era muy común que los hombres pudiesen acceder a servicios privados con las chicas en cuartos habilitados por los mismos clubes. Si una mujer en Apolo's encontraba a uno de los bailarines demasiado sexy y quería pasar una noche con él, ¿lo podía hacer? ¿El club contempla este modelo de negocio o simplemente era un lugar donde las mujeres endulzaban la vista y luego volvían a su vida cotidiana, quitándoles la posibilidad de explorar nuevamente su sexualidad si así lo deseaban? Es curioso pensar cómo el servicio de “espectáculo más final feliz” está más naturalizado para la población masculina y no para la femenina.
“Yo creo que sí deben de haber otros lugares donde las mujeres puedan obtener un y un final feliz ¿no?” le comenté a mi pareja. “Fíjate que no. Cuando vi Investigación Social, quería hacer la salida de campo a este mismo club, pero no pude hacerlo, mas mientras buscaba opciones descubrí que en Bogotá sólo hay 3 lugares, incluido este, que ofrecen servicios de strippers masculinos” me acotó ella. “¿Crees que en uno de esos se pueda acceder a servicios de prostitución con hombres?” le pregunté. “La verdad, no lo creo” me contestó. La pregunta que ambos nos surgió fue si deberían existir tales lugares, y no sólo en cuanto a las mujeres, sino también a los hombres. Es decir, ¿qué tipo de lugares son los que deberían estar diseñados para la liberación sexual y el autodescubrimiento del ser humano respectivamente? O incluso, ¿dónde están dichos espacios para que las mujeres puedan explorar su propia identidad y sexualidad? ¿cómo deberían ser? ¿por qué no existen o no son tan visibles?
Hablando con mi pareja, ambos creemos que es más común ver a strippers masculinos a domicilio que establecimientos donde se puedan disfrutar espectáculos exóticos. ¿Por qué es preferible hacer este tipo de eventos en casa y no en un lugar diseñado para eso? Desde mi perspectiva, sí debería existir espacios seguros para la exploración y liberación de la sexualidad de la mujer. No tiene porqué reprimirse o juzgarse, ni debe seguir siendo un tema tabú. Existe, y se debe reconocer, respetar y vivir. Al fin y al cabo, es lo mínimo que merecemos en esta vida: disfrutar, vivir según quienes somos y encontrarnos de forma segura y auténtica.
En medio de estos cuestionamientos, no podíamos evitar pensar cómo la sexualización del hombre no es encasillada ni reservada, sino simple y directa. ¿Quieres sexualizar a uno? Quítale la camisa y ponle un pantalón apretado. En cambio, toda la industria detrás de la sexualización de la mujer es demasiado elaborada y pensada en todos los aspectos, buscando siempre obtener la rentabilidad de la figura femenina, lo cual me enferma bastante, ya que, lastimosamente, sigue estando presente en nuestra sociedad.
Es horrible ver todo el show, espectáculo y morbo que han montado alrededor del género femenino, convirtiéndolo en un objeto de placer exclusivamente para el hombre. Saber cuán repentino, violento y constante es el bombardeo de información que representa a la mujer como un cuerpo desnudo, sumiso y servicial es enfermizo, triste y doloroso, y no tiene por qué ser así. ¿La mujer es hermosa? Claro que sí. La figura femenina es una preciosa y nadie debería transformarla o modificarla a fin de obtener beneficios económicos.
Cada uno, desde su rol como ciudadano activo, tiene la misión y responsabilidad social de revisar sus comportamientos, creencias y actitudes para confrontarlas y así erradicar cualquier acto o pensamiento violento y machista que atenten y/o sexualicen a la mujer.
En medio de estas reflexiones, y cerca a las 10:40 de la noche, varios grupos de mujeres empezaron a llegar. Era interesante ver cuán diferentes éramos a ellas. Tras su llegada, las personas más jóvenes seguíamos siendo mi pareja y yo, ya que la siguiente mujer más joven tendría entre 26 o 27 años. Venían en grupos grandes y varias parecían haber salido del trabajo al estar arregladas con uniformes elegantes u outfits similares. Por lo general, era fácil identificar quién estaba cumpliendo años, quién se casaría y quién festejaba su divorcio porque los meseros las atendían con mucha exclusividad, además de brindarles diademas o balacas especiales para ellas. Justo como lo predijimos, entraban con una actitud un poco temerosa y risueñas. Me recordaban a las chicas de octavo grado cuando veían a los de 11 a jugar fútbol. Se les notaba la expectativa, curiosidad y morbo por el espectáculo a presenciar.
Ellas se sentaban en las mesas que organizadas específicamente para cada reserva. Hablaban casualmente entre sí como si estuviesen en un café o un brunch. Se mecían sutilmente en sus asientos al ritmo de la música, la cual variaba desde un reggaetón antiguo hasta merengues clásicos de Rikarena. No obstante, aunque el lugar pareciese una discoteca, ninguna se levantaba de su silla a bailar, sino que se quedaban sentadas tranquilas, esperando con ansias el inicio del espectáculo. Varias de ellas pedían grandes botellas de aguardiente y otros cócteles aparentemente exóticos. Mi pareja y yo no nos quisimos quedar atrás, así que ordenamos 2 shots de tequila incluidos en el precio del cover.
El ambiente era bastante tranquilo y ameno, totalmente distinto al de los otros clubes mencionados en las otras salidas de campo. Más bien, parecía un gastrobar común y corriente, con la diferencia de que los meseros andaban sin camisa. En lo personal, me comencé a angustiar, ya que iban a ser casi las 11:00 de la noche y en menos de dos horas nos tendríamos que devolver a Cajicá. ¿Qué estarían esperando para comenzar? ¿A que el lugar se llenase más o a que el alcohol empezase a soltar a los grupos que acaban de llegar?
Miré a mis alrededores, dándome cuenta de que me estaban observando varias mujeres en distintas mesas. No con los mismos ojos de deseo con los que mirarían a los bailarines, pero sé algo consternadas, impresionadas, sorprendidas y diría que incluso fastidiadas. A pesar de eso, no las culpo. Al fin y al cabo, era la única persona del género masculino que, como ellas, era un cliente más. A lo mejor no esperaban encontrarse con alguien como yo acompañándolas desde las mesas.
Aunque sus miradas juzgadoras me pudieron haber hecho sentir incómodo, eso no sucedió. Recalco, comprendo el porqué de sus miradas extrañadas ante mi tranquila presencia; no obstante, espero no haberlas llegado a incomodar. Para distraer mi mente, me pregunté si habrían venido más parejas diversas a presenciar el espectáculo.
Yo tenía muy en claro a qué iba: observar y analizar los fenómenos sociales presentes en Apolo's, además de pasar un buen rato con mi pareja. ¿Estaba a punto de ver hombres guapos, musculosos y fuertes? Por supuesto, pero eso en ningún momento me hacía temblar o dudar de mi identidad u orientación sexual. Sé que cómo me veo, actúo o expreso no determina quién soy ni que me gusta. Solo yo soy el responsable de definir eso. ¿Por qué traigo estos acotes a colación? Porque me pregunto cómo sería la conversación de una pareja en la cual una de las partes le proponga a la otra venir aquí. ¿Por qué esto no se puede considerar un plan de pareja o uno para "parchar"? Sé que a varios no les llama la atención ver hombres como Channing Tatum bailar y quitarse la ropa hasta quedar en una tanga microscópica, pero, si fuese pro de molestar, "mamar gallo" o hacer algo completamente distinto e impensable, ¿les interesaría? ¿Qué se necesitaría para que el hombre cisgénero y heterosexual estuviese tranquilo o de acuerdo en asistir a un espectáculo como éste?
Después de un largo tiempo en que mi pareja y yo hablándonos de diversos temas mientras escuchábamos buena música y disfrutábamos nuestros tequilas, a las 11:00 p.m. comenzó a sonar la típica canción de strippers. Las luces bajaron. Una máquina de humo se activó. Las señoritas empezaron a gritar alocadamente y no pude evitar unírmeles a ellas.
Por fin, tras casi 2 horas de espera, era hora del espectáculo.
- • Me causó gracia como casi todas las coreografías grupales parecían bailes de comparsa de Halloween de colegios.
- • Era impresionante cómo mezclaban la danza casual con movimientos más exóticos y eróticos.
- • Como predijimos anteriormente, a medida que avanzaban los espectáculos, las mujeres iban soltando cada vez más y más, gritando a todo pulmón de la emoción.
- • Era interesante como hacían participar en el striptease de los bailarines a las protagonistas de cada celebración, es decir, a cada futura novia, cumpleañera y divorciada.
- • Aunque fuese un show muy dinámico, ninguno de los bailarines se salía del espacio demarcado para espectáculo, bailándole por lo general siempre a las mismas personas en primera fila.
- • Había momentos en que el show parecía un centro comercial o una EPS, ya que el host llamaba a cada una de las protagonistas a pasar al frente y ser parte del espectáculo.
- • Los bailarines efectivamente eran mucho más fuertes que los meseros, totalmente depilados, jóvenes y más apuestos.
- • Era curioso ver cómo habían momentos de silencio cuando los bailarines sólo bailaban y no se quitaban alguna prenda. En otras palabras, la euforia sólo estaba presente en los momentos más explícitos y no era necesariamente constante en cada acto.
- • A pesar de ser un ambiente en el cual rebosaba la sexualidad y el erotismo, en ningún momento se sintió denso o fuera de lugar. Antes era casual, fresco, tranquilo y divertido.
- • En ningún momento se vio que alguno de los bailarines se sobrepasara con alguna dama del público; asimismo, tampoco se vio que alguna de las mujeres tocara de más a algún bailarín.
- • Cada vez que alguna mujer participaba, se le notaba ansiosa, inquieta y revolucionada por el espectáculo en el que con el cual haría parte.
- • En ningún momento me llegué a sentir incómodo. Más bien, disfruté cada momento del espectáculo al ser tan raro, divertido y “visajoso” desde mi perspectiva.
- • Al finalizar el segundo acto, mi pareja y yo pedimos dos vasos de whiskey con el propósito de meternos aún más en la atmósfera fiestera del lugar.
- • En ningún momento sentí que corriese peligro o que estuviese siendo sexualizado por las otras mujeres, a diferencia de varias estudiantes que sí se sintieron acosadas e incomodas cuando fueron a clubes de strippers femeninas.
- • No sentí que el show fuese tan explícito, denso o picante como esperaba que fuera. Tal vez se debió a cuán divertidas me parecieron las coreografías grupales y las reacciones alocadas de las mujeres cuando se desvestían los bailarines.
- • Sentí que la energía, la diversión y la dicha fluían por todo el lugar. Todas estaban disfrutando junto a personas que querían en un espacio seguro, bebiendo, riendo, gritando y emocionándose. Más allá de ser este show uno donde primase el morbo, se había convertido en un proveedor de la vida misma donde cada una podía ser quién era y pasar un rato increíble de forma segura y próspera.
Coda - Néctar y Ambrosía
Precisar con palabras todo lo que sentí y
reflexioné en esta salida de campo parece imposible, pero si hay algo que puedo
resaltar es cómo me ayudó para desmenuzar pensamientos que yo tenía. De no
haber sido por esta salida, no hubiese desarmado varias dudas que tenía
respecto a cómo era visto el rol de la mujer y cómo estaba constituida la figura
del hombre desde el sistema patriarcal, ni tampoco hubiese contemplado cómo es
posible generar espacios seguros para la liberación de la sexualidad de cada
uno.
Tal vez lo más importante es cómo esta salida
me dio la oportunidad de deconstruir conceptos e ideas que tenía estructuradas con
el propósito de identificar las piezas clave y construir así algo nuevo a
través de mis reflexiones y análisis personales, obteniendo una nueva forma de
ver y comprender cómo se desenvuelve la sexualidad, el erotismo y la libertad
de los géneros masculino y femenino.
Me queda un largo camino para descifrar todos
misterios, problemas y cuestiones que rodean este tema en la actualidad. No
obstante, espero poder crecer y comprenderlo de mejor manera mientras asumo un rol
activo en la búsqueda del rompimiento de paradigmas, estereotipos, prejuicios,
actitudes, pensamientos y comportamientos ligados en distintos niveles al
machismo y violencia de género. Quiero encontrar más lugares y analizar cómo se
desenvuelven el hombre y la mujer en cada uno, realizando así una radiografía
del comportamiento de nuestra sociedad a fin de comprender qué podemos hacer en
pro de la igualdad y el respeto entre nosotros como humanos.
Tal vez no sea un dios del olimpo tan poderoso
y bello como Apolo, pero, a lo mejor, la verdadera belleza divina radica en
cómo somos capaces de deconstruir nuestras creencias y valores en pro de algo
bueno y de verdadero valor para nuestra sociedad.
Citando a Michael Jackson: “Si quieres que el
mundo sea un lugar mejor, échate un vistazo a ti mismo y haz el cambio”.
Eso es todo por hoy. Fin de la transmisión.
See you space cowboy…
Referencias
Apolos
Men. (2022). Apolos Men. Obtenido de https://apolosmen.com.co/
Garret, S., &
Ballard, G. (1988). Man in the Mirror [Grabado por M. Jackson]. Estados Unidos.
Haykal, I. (26 de Abril de 2017). 63 frases
célebres del filósofo Jacques Derrida. Obtenido de
https://psicologiaymente.com/reflexiones/frases-jacques-derrida
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