Semana VI - 29 de agosto de 2022

 Autoconocimiento

Por Pablo Castro

Cuando somos capaces de conocernos a nosotros mismos, rara vez nos equivocamos sobre nuestro destino

Madame de Staël

Es increíble cuánto pueden cambiar las cosas en tan solo una semana. Hace 15 días estaba en shock delante de mí computador debido a un colapso físico y emocional. Ahora, me encuentro en un estado no de paz total, pero sí de una pseudo tranquilidad más real y, de cierta manera, palpable. Siento un poco de inseguridad respecto al tono de esta bitácora porque no me gustaría que rayara en lo cursi o ultra optimista. Más bien, mi propósito es transmitir calma, la cual, aunque no parezca longeva gracias a los proyectos y parciales por venir, sí se siente bien de abrazar y vivir aquí, en el ahora.

Cada quién tiene sus encrucijadas o puntos de giro dispuestos por el destino en momentos y lugares específicos con el propósito de ayudarnos (o presionarnos) a desarrollar nuestros personajes en el filme de la vida, aun si es a los golpes. Más allá de si mi personaje se desarrolló, lo clave es reflexionar sobre los eventos sucedidos, qué me hicieron sentir y cómo puedo aprender de estos para el futuro. ¿Suena esto algo obvio? Es probable, pero tal vez el haberlo vivido de forma tan directa aumenta el impacto y la necesidad propia de hallarle una solución. Citando a William Faulkner: “Si tuviera la posibilidad de elegir entre la experiencia del dolor y la nada, elegiría el dolor”. Por más doloroso y angustiante que sea, es necesario romperse de vez en cuando porque solo así podremos recogernos y unirnos a nuestro ritmo, ganando más confianza en quiénes somos y en nuestras capacidades.

Entrando ahora sí en los eventos del 29 de agosto del 2022, todo inició con mi rutina del día a día. Tras alistarme, salí hacia la universidad y llegué faltando una hora para la clase, ya que me hacía falta darle una última pulida a mi bitácora anterior en cuanto a la redacción y ortografía, además de insertar las fuentes usadas en formato APA. Terminé de ajustar los últimos detalles a las 7:52 de la mañana, justo antes del inicio de la sesión.

Aunque faltasen todavía varios estudiantes por llegar, el profesor optó por iniciar la sesión cinco minutos después de las 8, preguntando a quién le gustaría que su bitácora fuese leída. Yo, sin dudarlo, levanté la mano. “Esta será mi oportunidad para darle un cierre a lo acontecido la semana pasada” pensé. Al poco tiempo, el profesor abrió mi escrito y dos compañeros procedieron a leerlo.

“¿Qué sentí en ese momento?” es una duda todavía presente en mi cabeza. No sentía el temor anterior de poner una parte de mí en el común de la clase, ni tampoco la necesidad del aval de mis compañeros o el profesor. Mientras avanzaba la lectura, esa emoción crecía. Era como un mango dulce y ameno. Se sentía… bien, pero no por la extensión o el contenido del texto, sino porque era un auténtico reflejo mío.

Tras terminar la lectura del texto, el profesor resaltó cuán grato era ver cómo mi bitácora era de, por y para mí en vez de limitarse a satisfacer las expectativas de la clase. Más aún, acotó cómo yo parecía haber alcanzado un estado de catarsis a través de la escritura. “Catarsis… ¿qué rayos es eso?” me dije a mi mismo. El término se me hizo familiar, mas difícil de precisar. Según el profesor, se refería a descargarse emocionalmente a través de cualquier medio, en este caso la escritura. Él mencionaba cómo podíamos alcanzarla si nos concentrábamos en darnos gusto a nosotros en el oficio. “Si somos nuestros propios espectadores y hacemos las cosas porque nos nace, estamos más cerca de la autorrealización” mencionó.

Buscando un poco más allá, me gustaría señalar cómo Jonathan García, reportero de Psicología y Mente, define la catarsis: “Es la liberación emocional que se produce con el método de asociación libre”, refiriéndose a la purgación de los conflictos inconscientes por medio de la autorreflexión y el contacto directo con nuestra condición de seres pensantes. Aunque había escuchado cómo escribir cuentos, novelas o guiones puede ser un portal para soltar cargas emocionales, nunca contemplé cómo un trabajo común y corriente podía proveer también esa oportunidad.

Es chocante llegar a este tipo de conclusiones tras 8 semestres porque pude haber aprovechado e impulsado distintos proyectos si hubiese tenido una noción de cómo las emociones le pueden aportar a la academia. Como mencioné en mi bitácora anterior, es vital aprender sobre la inteligencia emocional para complementar y potenciar nuestros quehaceres profesionales, además de los cotidianos. Citando a Daniel Goleman: “En un sentido muy real, tenemos dos mentes: una que piensa y otra que siente”. El día en que las instituciones de educación superior tengan esto en cuenta y busquen cómo enseñarlo en cada programa, nuevos profesionales auténticamente sentipensantes construirán un cambio más significativo, positivo e impactante en nuestra sociedad.

Tras finalizar la lectura de mi bitácora, procedimos a leer la de Alejandra Bello, la cual conectaba los conceptos vistos en la anterior clase con el oficio del periodismo, además de sus propias reflexiones personales como la siguiente: “Desde el periodismo quiero hacer investigaciones de problemas sociales y desde el derecho quiero dedicarme a defender a mujeres y niños víctimas de cualquier tipo de violencia… Claro que en el momento también me invadió el miedo, en mi cabeza pasaban mil preguntas: ¿Será que no me pasa nada por meterme en una cárcel de mujeres? ¿Qué tal me encuentre con una asesina? ¿Y si me ven la cara de gomela y me hacen algo? Después de pasar por el miedo me di cuenta de que en lugares como ese hay historias muy valiosas que merecen ser escuchadas, así que espero encontrarme con personas que quieran alzar su voz y contar la razón por la que se encuentran privadas de su libertad”.

¿Cuántas veces a la semana tenemos la oportunidad de conectar lo aprendido en clase con nuestros sueños o proyecciones? Las personas que le dan este enfoque a sus bitácoras tienen algo muy real en sus manos, pero no porque se extiendan o analicen de más ciertos conceptos, sino porque elijen conectar ideas sin relación alguna más allá de ser significativas para ellas. Según sus emociones y perspectivas, optan por poner sus textos en el común de la clase con el propósito de compartir un trozo de sus vidas, y eso es grato, además de refrescante, en una sociedad donde nos solemos callar por el temor al qué dirán y a su cultura tan reactiva.

Una vez terminamos con la lectura de las bitácoras, el profesor procedió a profundizar sobre la fenomenología, concepto expuesto la semana anterior por dos compañeros. De forma precisa, él la definió como la subjetividad del conocimiento respecto a cómo “nadie vive la fiesta de la misma manera”, además de señalar cómo cada uno ve el mundo acorde a su propia identidad. Como menciona Edmund Husserl, filosofo impulsor de esta metodología, “el mundo nace en nosotros, como Descartes hizo reconocer, y dentro de nosotros adquiere su influencia habitual”.

Para ejemplificar cómo los fenómenos se viven de forma distinta, el profesor nos mostró dos salidas de campo realizadas por una pareja de estudiantes a Fiebre Sex, un club nocturno de Bogotá. En el diario de campo del hombre, se evidenciaba cómo para él esta experiencia era disfrutable, vívida y amena, parecida a la de una rumba. Por otro lado, desde la perspectiva de la mujer, la salida marcó un antes y un después en ella como ser humano porque no solo salió de su zona de confort, sino que se introdujo a una nueva donde aprendió al observar, además de analizar, un entorno denso, machista y abrumador mientras dominaba todas las emociones presentes en su cuerpo.

De entre toda la información expuesta por el profesor respecto a la fenomenología ejemplificada en estas dos bitácoras, me gustaría resaltar los siguientes apuntes:

·       Cada punto de vista es totalmente válido y valioso para analizar.

·       Al final del día, cada uno ve lo que quiere ver.

·       La importancia de salir de la zona de confort radica en comprender nuevos entornos mientras estos lo comprenden a uno.

·       Podemos aprender más de una persona según cómo describe, precisa y organiza la información sobre el fenómeno vivido.

Después de esta profundización sobre la fenomenología, continuamos con las exposiciones semanales, iniciando con la Teoría Fundamentada por parte de Juan Esteban Otero e Iván Castiblanco. Según ellos, esta es “un método de carácter inductivo que se encarga de descubrir teorías, conceptos, hipótesis y proposiciones partiendo de datos”, los cuales se pueden recolectar a partir de entrevistas, observaciones y documentos. A medida en que avanzaba la presentación, se realizaban varios acotes clave sobre esta metodología, de entre los cuales quisiera destacar los siguientes:

  • “La inmersión en los datos sirve de punto de partida del desarrollo de una teoría sobre un fenómeno”.
  • Los componentes claves de la Teoría Fundamentada son:

o   Apertura, consistiendo en un análisis inductivo.

o   Analizar inmediatamente, haciendo referencia cómo el análisis comienza lo más pronto posible y en simultáneo con la recolección de datos.

o   Codificación y comparación, en el cual se fraccionan y etiquetan los datos en componentes menores, haciendo referencia a categorías o conceptos.

·       A su vez, la codificación se refiere al “proceso de hacer abstracción e interpretación de los datos obtenidos con el objetivo de organizar y entender la información recolectada”.

o   Escritura de memorandos/diagramas acerca de eventos o relaciones entre categorías que estimulan el pensamiento y análisis.

o   Muestreo teórico, punto central mediante la codificación, comparación y escritura de los memorandos.

o   Saturación teórica, la cual busca la comprensión total de todos los conceptos en la teoría en desarrollo, además de la obtención de los datos.

o   Producción de una teoría sustantiva, expresando los resultados justamente como una teoría sustantiva falible, según el contexto, y no algo final.

  • ·    Es útil “para la investigación en salud, política y economía, porque permite el análisis de problemas y datos desde una perspectiva social y a partir de ahí elaborar propuestas teóricas”.
  • ·       La codificación axial se refiere a “comparar los nuevos datos con las categorías resultantes de anteriores comparaciones”, permitiendo elaborar hipótesis. No obstante, “cuando las relaciones establecidas son insuficientes, se continúa con el muestreo teórico a la búsqueda de nuevos casos que aporten más información y permitan explicar los conceptos y precisar la teoría”.
  • ·       Las categorías se pueden entender como “la definición teórica de un dato en específico sacado de la investigación”.

De cierta manera, esta metodología me evocó a la teoría mecanicista, la cual, según Ramón Ruiz en documento El Método Científico y sus Etapas, consiste en considerar todo como una máquina, “y para entender el todo debemos descomponerlo en partes pequeñas que permitan estudiar, analizar y comprender sus nexos, interdependencia y conexiones entre el todo y sus partes”. Esta teoría es, a su vez, la base del método científico, cuyo objetivo, acorde a Ruiz, es “incrementar el conocimiento y en consecuencia aumentar nuestro bienestar y nuestro poder (objetivamente extrínsecos o utilitarios)”.

Aunque el enfoque la Teoría Fundamentada y el de las dos teorías expuestas superficialmente sea distinto, siendo la primera cualitativa y las otras cuantitativas, es curioso ver cómo ambas tienen un mismo objetivo: abstraer, desmenuzar y examinar el conocimiento existente para construir uno nuevo e innovador en diversos sectores a fin de beneficiar a la sociedad.

Tras terminarse la exposición de Juan Esteban e Iván con un Kahoot, pasamos mi compadre Santiago y yo a presentar la Investigación Acción Participativa, más conocida a veces como la IAP. Antes de hablar sobre la experiencia de presentar, me gustaría resaltar los siguientes puntos sobre nuestros hallazgos de esta metodología:

  • · Es un “método de investigación y aprendizaje colectivo de la realidad, basado en un análisis crítico con la participación activa de los grupos implicados”.
  • ·  Combina el conocer y el actuar.
  • ·  Tiene como objetivo principal generar cambios y transformaciones definitivas y profundas en distintos grupos sociales.
  • ·  Sus principales características son:

o   La forma en que se aborda el sujeto de estudio.

o   Su propósito de impactar y transformar la realidad de un grupo social.

o   Es reflexiva, cíclica, cualitativa y participativa.

  • · Vio su origen en Colombia de la mano de Orlando Fals Borda, el cual tenía cierto interés por el trabajo social y el estudio de las comunidades, los movimientos sociales, guerrilleros, entre otros.
  • · Fals Borda contemplaba la figura del ser sentipensante, el cual combina el corazón con la cabeza, aprendiendo al sentir y sintiendo mientras aprende.
  • · "La razón se combina con el sentimiento y produce un saber empático que al actuar aprende y al aprender actúa".

Ahora, respecto a la experiencia de presentar, reconozco que tenía un poco de nervios al comienzo principalmente por una dinámica bastante actuada cuyo propósito era enganchar al salón por medio de una situación incómoda para así involucrarlos activamente. En otras palabras, temía que fuese o muy fingida o random para el gusto de la clase. No obstante, desde mi perspectiva, salió bien.

Mientras avanzábamos en el tema, sentía cómo Santiago y yo nos íbamos acoplando a la onda de la presentación, buscando expresar una energía optimista y próspera. Según las expresiones de varios estudiantes a lo largo de la presentación, me gustaría pensar en que logramos conectar con ellos y transmitirles nuestras buenas vibras; sin embargo, en caso de no haberlo conseguido, no cambia cuán vivo me sentí al final de la exposición porque, de cierta manera, sentía cómo me había sobrepuesto a los dramas de la semana anterior, los cuales detallo en mi bitácora #5, por si tú, estimado lector, quisieses darle una pasada.

Francamente, me gusta hablar. La sensación de estar frente a un público y buscar cómo proveerles una buena experiencia por medio de la oratoria mientras se les presenta un tema conocido o no es algo que me fascina y recarga, pero no siempre fue así. Durante casi toda mi infancia fui la persona callada, introvertida e insegura del salón. “Mi destino es ser así por toda la vida” pensaba, hasta que, un día, se presentó una oportunidad de participar en un grupo de debate algo intenso y exigente. No estaba seguro si involucrarme o no, pero al final cedí ante la presión de una profesora.

Eso fue hace 11 años. Desde entonces, no he dejado de aprender sobre cómo expresar mis ideas ante los demás manteniéndome fiel a mis energías, valores e identidad. Aunque se hayan presentado varios retos y caídas en el camino, es inevitable resaltar cuánto he vivido en este proceso, el cual seguirá hasta que Tánatos me llame para reclamar mi lugar en los Campos Elíseos o en el tártaro, una de dos.

Citando a Ralph Waldo Emerson: “Todo gran orador fue un mal orador en sus inicios”. Como comenté, el disfrutar el acto de exponer es algo que me ha llevado años y mucha paciencia. No me considero un maestro o un profesional en esto, pero sí un trabajador con la aspiración de serlo. Sé que a varios se les sube la tensión cuando están frente a un auditorio, a un salón o incluso ante sus familias. El pálpito acelerado del corazón, las manos frías, el cuello sudoroso, el tic intermitente del pie, la respiración frenética, los gallos en la voz, la mirada perdida. Como menciona George Jessel, “el cerebro humano empieza a funcionar cuando naces y no se detiene hasta que sales a hablar en público”. Sí o sí, todos hemos enfrentado en mínimo una ocasión la sensación de una pausa eterna en el espacio-tiempo cuando se expone, y aunque parezca una red de plástico sofocante y agobiante, vengo a decirte a ti, estimado lector, que sí se puede escapar de esta. Sí hay una salida.

Citando a Rob Gilbert: “No pasa nada por sentir mariposas en tu estómago. Sólo enséñales a volar en formación”. Hablar en público solo se logra con tiempo, paciencia y calma. “¿Y si me trabo o enredo?” podrás pensar, ante lo cual respondo “¿Y qué? Son errores. Los cometemos todo el tiempo. Si no los vivimos hoy, no aprenderemos de estos para el día de mañana cuando la oportunidad de nuestra vida esté ante nuestras narices. ¿Será fácil? Para nada. Debido a la pena o los nervios en distintas ocasiones, muchas veces desearemos que la tierra nos trague por completo. Pero ¿esto lo vuelve imposible? Absolutamente no. Lo clave es armarnos de valor y confiar en nuestros talentos para dar el primer paso y recorrer, de forma constante y disciplinada, este proceso. Solo así podremos romper los límites impuestos por nuestros propios miedos e inseguridades”. Como menciona John Ford, “hablas correctamente cuando tu lengua puede transmitir el mensaje de tu corazón”.

Tras acotar tres aspectos clave de la IAP, Santiago y yo cerramos nuestra presentación, dándole paso al tercer grupo, los cuales tenían como tema el Objetivo de Investigación. Según Isabella Cifuentes y Michael Riveros, los expositores, este se formula para concretar y especificar tareas a realizar por el investigador, determinando el alcance, la profundidad y la direccionalidad. A continuación, resaltaré algunos de los puntos clave de la presentación

  • ·     Los objetivos son “enunciados claros y precisos, donde recogemos la finalidad que se persigue con nuestra investigación, es decir, plasmar qué queremos lograr alcanzar o conseguir con nuestro estudio”.
  • ·       Se dividen en dos categorías:

o   Objetivo general, el cual describe de forma global la intención del proyecto, además de representar el logro a alcanzar.

o   Objetivos específicos, relacionándose con situaciones particulares del general. Asimismo, definen el propósito principal del estudio. Por otro lado, se dividen en cuatro niveles:

§  Perceptual.

§  Aprehensivo.

§  Comprensivo.

§  Integrativo.

  • ·       La fórmula para redactarlo es verbo infinitivo + qué + cómo + para qué.

Luego de la presentación formal del tema, Isabella y Michael desarrollaron tres actividades bastante dinámicas y entretenidas, cautivando la atención de todo el salón. Una vez terminadas estas dinámicas, el profesor rifó uno de los premios del tercer grupo, marcando al mismo tiempo el cierre de la sesión.

¿Qué me quedó de esta clase? La pseudo tranquilidad palpable, la catarsis, la fenomenología, la Teoría Fundamentada, la IAP, la oratoria y el Objetivo de Investigación tienen algo en común: el autoconocimiento. Si comprendemos cómo vivimos los fenómenos cotidianos, además de cómo podemos abstraer el conocimiento actual de diversas fuentes a fin de producir nuevos saberes útiles para nuestra sociedad, teniendo siempre en mente el alcance y la profundidad de las metas a alcanzar, seremos capaces de identificar y unir aspectos, virtudes e ideas nuestras, sin aparente relación alguna, para darle fuerza, propósito y consistencia a nuestro núcleo como seres sentipensantes porque, como menciona Sir Thomas Browne, “todas las maravillas que buscas están dentro de tu propio ser”.

Eso es todo por hoy. Fin de la transmisión.

See you space cowboy…

Referencias

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